
Efectivament, els alumnes de la nostra escola eixiran a "Onda Cero" el dijous 6 de març. Realitzant diferents activitats dedicades a la celebració del 25 aniversari de l'escola.

-“¡Me arreglo un poco las plumas y voy volando!”
El asno, junto al pájaro carpintero, siguió camino hacia la ciudad, cuando, al poco rato, les alcanzó un cerdo con cara de susto que corría todo lo que sus cortas patas podían.
El asno le hizo el alto y le preguntó que adónde se dirigía con las orejas tan levantadas y a esa velocidad, que se le iban a endurecer los jamones. A lo que el cerdo le respondió que su amo se había cansado de oírlo tocar la Tuba y había decidido que el oloroso músico sería el principal protagonista en la matanza de este año.
El pájaro carpintero que estaba escuchando la conversación mientras se afilaba el pico en un viejo tronco de roble dijo:
-“Ya somos un cantante y un percusionista, sería fantástico contar con un Tuba para que marque el ritmo a seguir” ¿te gustaría acompañarnos a la ciudad para tocar en el concierto de año nuevo?
-Eso sería fantástico -respondió el cerdo-. -Ya es hora de cambiar de aires-. -Además, este cuerpo aún puede dar mucho arte antes de ser convertido en embutido.
Y así es como los tres músicos siguieron camino hacía la ciudad.
Y, precisamente, el camino de la ciudad pasaba por al lado de un prado donde yacía pastando un enorme rebaño de ovejas. Y, al otro lado del rebaño se podía oír el sonido de una trompeta, que al estilo de Louis Amstrong, amenizaba el almuerzo a todos aquellos animales melenudos.
El cerdo, el asno y el pájaro carpintero, que gozaban de gran oído, enseguida se dieron cuenta de que aquel era el trompetista que necesitaban para presentarse en la ciudad como un excelente grupo. Y, como hipnotizados por aquel maravilloso sonido, corrieron a través del inmenso rebaño en busca de aquel fantástico músico.
Cuando el rebaño se acabó de abrir, encontraron a un peludo perro pastor con una trompeta en las manos, el cual, al ver semejante alboroto, dejó de tocar y se puso en guardia. Cuando los tres músicos llegaron a su altura, este les ladró:
-¿Quiénes sois vosotros? Y ¿Qué manera de molestar a mis ovejas es esta? ¿Qué queréis, que me despidan? “
-Disculpa –dijo el asno- somos un grupo de músicos que han abandonado la tranquila vida de la granja para ir a la ciudad a tocar el concierto de año nuevo en el granero principal. Y, después de oírte, nos encantaría que nos acompañases.
-¡Oh, eso sería fantástico! Abandonar por fin esta vida de perros, actuar en los mejores graneros del país, poder tocar para un público que te escucha, y no para un grupo de borregos que nunca levantan la cabeza de la hierba –dijo el perro trompetista-.
-Voy a darle un par de ladridos a mi amo y enseguida estoy con vosotros.
Y así es como este peculiar grupo de músicos, junto a sus instrumentos, pusieron rumbo a la ciudad.
La ciudad era enorme, estaba toda iluminada y los coches iban de un lado a otro con sus flamantes caballos bien cepillados y acicalados. Había infinidad de tiendas de todo tipo y la gente iba y venía cargada de paquetes con todo tipo de alimentos y regalos navideños.
Y allí, en medio de todo este bullicio, con esa cara que se le queda a uno cuando ve por primera vez la gran ciudad, estaban nuestros queridos cuatro músicos.
El asno se acercó a un caballo que esperaba atado a su carro a que el amo saliera de la taberna y le preguntó por el granero principal. A lo que el caballo le respondió:
-¿acabas de llegar a la ciudad verdad?
-Pueees si –dijo el asno- ¿cómo lo has sabido?
-Porque si vivieras aquí sabrías que el granero principal ardió hace dos semanas. Debes de venir de lejos porque el humo se veía desde muchos kilómetros a la redonda.
-¿Pero, entonces –dijo el asno conmocionado- el concierto de año nuevo? ¡Nosotros veníamos a tocar!
-Siento desilusionarte pero este año no habrá concierto de año nuevo –respondió el caballo-.
El asno, abatido, se acercó a sus compañeros y les contó toda aquella tragedia.
¡Oh, vaya! -dijo el perro- hemos abandonado nuestras cómodas granjas para nada. Que va a ser de nosotros.
En esto, que pasaba por allí un grupo de niños y niñas pidiendo los típicos aguinaldos navideños a cambio de villancicos. Y, al ver a los cuatro músicos con sus instrumentos les preguntaron que a qué se debían esas caras tan largas; y estos les contaron lo sucedido. A lo cual, el grupo de niños y niñas propusieron a los cuatro músicos tocar en el festival de navidad de su colegio, ya que, este año era el veinticinco aniversario de su inauguración y todavía no sabían qué preparar.
Los cuatro músicos aceptaron la propuesta de los niños y tocaron en el festival del colegio, comenzando así su andadura musical.